22 febrero 2015

Andrei Chikatilo: El carnicero de Rostov









Andrei Chikatilo es sin duda uno de los más despiadados y prolíficos asesinos seriales de la historia. Hasta ahora es el más conocido asesino en serie de la Unión Soviética. Su actividad criminal lo llevó a realizar al menos 53 asesinatos. Conocido como "el carnicero de Rostov", vivía una doble vida, como hombre casado trabajador y miembro de la sociedad comunista del momento, y como asesino dotado de gran habilidad para ganarse la confianza de los niños y disfrutar con impunidad de sus horrendos crímenes.

Chikatilo, un "hombre estable"

Andrei Romanovich Chikatilo nació en Yablochnoye, Ucrania, el 16 de octubre de 1936, una pequeña aldea en tiempos de hambruna de Holodomor, donde morían cientos de personas cuyos cadáveres se amontonan en las calles y campos. Siendo niño, escuchó en el regazo de su madre una historia que lo estremeció: Stephan, su hermano mayor había sido raptado y devorado por hambrientos campesinos. Aunque no era un caso aislado en aquellos duros años, el hecho marcó notablemente al niño, quien desarrolló un miedo constante a ser raptado y devorado también.


En la escuela era muy introvertido y arrastró multitud de complejos que le atormentaban. Incapaz de aceptar su miopía, tuvo sus primeras gafas a los treinta años. A los doce aún padecía de enuresis y se orinaba en la cama sin advertirlo. Siempre era humillado por sus otros compañeros, él se limitaba a escuchar y a aguantar. No hacía nada por remediarlo, tampoco cuando le empezaron a llamar marica, ni cuando le pegaban arrojándole una manta por encima y lo sacaban de las aulas a patadas. A medida que iba creciendo, su timidez con las mujeres era más y más marcada. Su primera experiencia sexual fue al eyacular tras unos pocos segundos mientras abrazaba a una chica. De ahí surgieron los primeros rumores de su impotencia y problemas sexuales.

Como todos los ciudadanos soviéticos que habitaban en la URSS, sirvió en el Ejército Rojo y luego se dedicó a los estudios, obteniendo tres títulos: en Lengua y Literatura Rusas; en Ingeniería y en Marxismo-leninismo. Para 1971, obtuvo el grado de Maestro en Filología. Chikatilo era políglota y además un respetado miembro de la intelectualidad soviética. Más tarde se refugió en el comunismo y llegó a ser un miembro destacado del Politburó, pero su fijación con el dogma político rayaba en el fanatismo.

Mientras sus credenciales académicas aumentaban, también lo hacía su atracción por las niñas, todas menores de doce años. Se colaba en los dormitorios estudiantiles para verlas en ropa interior mientras se masturbaba con la mano dentro del bolsillo.

A pesar de sus problemas, pudo encontrar una esposa. Logró alcanzar en contadísimas ocasiones la suficiente erección para dejarla embarazada, pero no dejaba de pensar, que la naturaleza lo había castigado castrándolo al nacer. Era un marido de carácter estable y trabajador, un padre que nunca levantaba la voz ante los hijos, un respetado miembro del partido comunista que leía los periódicos y se mantenía al corriente de la actualidad.

Discreto, vivía con la rigurosa austeridad que correspondía a un verdadero soviético. Para su frustración, en la escuela en la que trabajaba sus alumnos se burlaban de él, le apodaban "La Gansa" porque sus largos hombros encorvados hacían que su cuello pareciese alargado.


Chikatilo, un monstruo criminal

En 1978, como parte de su trabajo a Chikatilo lo envían a dar clases a un lugar llamado Shakhty. Mientras el resto de su familia se muda, le queda mucho tiempo libre, mismo que dedica a ver pasar a los jóvenes escolares por la calle. Entonces comienza a fantasear con ellos, que los tiene con él y desnudos.

Fue un 22 de diciembre de 1978 cuando Andrei Chikatilo desataría a su monstruo interno y, con 42 años, comenzaría una ola criminal que marcó a la Unión Soviética.

Consiguió un cuarto en una calle oscura y apartada a donde llevó a Yelena Zakotnova, una niña de 9 años que había abordado en la calle y que convenció para que se fuera con él a una cabaña en las afueras de la ciudad. Sabía cómo hablarles a los niños, su experiencia como docente y padre le habían dado esa habilidad.


Incapaz de penetrarla utiliza su cuchillo como sustituto en el acto sexual. Chikatilo tenía la idea de que en los ojos de la víctima quedaba impresa la imagen de su asesino, por lo que a Yelena le tapó los ojos cuando la atacó a puñaladas y la estranguló.

Ante el estupor de Chikatilo por este hecho, se formó el vínculo fatal entre sangre y sexo. Sacó entonces un cuchillo y se lo clavó a la niña en el estómago. Con cada puñalada notaba que se acercaba más al orgasmo, por lo que no cesó de hacerlo hasta la eyaculación. La penetración ritual con el arma blanca le mostró un nuevo mundo de sensaciones que iniciaría su escalada homicida. Chikatilo había intentado satisfacer su necesidad sexual movido por la esperanza de llegar a ser igual que los demás, pero asumió que no lo era. Se dio cuenta de que su placer no derivaba de acariciar los genitales ajenos, sino de maltratarlos.

Después de su banquete de violencia sexual, se deshizo del cuerpo en un río cercano.

Dos días después del crimen, la policía encontró los restos de la niña en un río cercano, y cerca de la cabaña de Chikatilo una gran mancha de sangre. Le habían sacado los ojos; esta mutilación se convertiría en la firma de los crímenes de Chikatilo. Los policías interrogaron al hombre, pero acabaron inculpando a otro agresor sexual: Alexander Kravchenko. Años después de ser ejecutado, aquel hombre fue oficialmente perdonado por la muerte de Zakotnova. Antes de la detención del destripador de Rostov, muchos inocentes cayeron en manos de la ineficiente policía rusa que con métodos y torturas de la edad de piedra le sacaba confesiones a quien fuera.


En 1981, se convirtió en funcionario de abastecimiento de una fábrica y el trabajo, que le obligaba a recorrer una buena parte de la región, le proporcionó la oportunidad perfecta. El 3 de septiembre de 1981 abordó a Larisa Tkachenko, prostituta de 17 años de edad. La convenció de ir con él al bosque para tener relaciones sexuales, pero falló en el intento, por lo que ella se río de él. Esto lo enfureció y perdió el control. Cuando la atacó y observó la sangre manar de las heridas de navaja, eyaculó involuntariamente. Desde ese momento quedó claro que para alcanzar satisfacción sexual debía emplear el máximo salvajismo contra sus infortunadas víctimas. En esa ocasión removió los órganos sexuales de la chica y tras mordisquearlos, los tiró en el camino. Otras veces removía el útero y ahí depositaba semen. Se especula que tal vez pudo comerse ciertos órganos aunque Chikatilo negó enfáticamente tal cosa.

No solo niñas y jovencitas corrían peligro, también a los niños varones les tocaba su parte de sufrir la furia asesina de Andrei Chikatilo. Con ellos fantaseaba ser una suerte de héroe que los capturaba para torturarlos. Según sus palabras, ellos sangraban igual de fácil que las mujeres. ¿Por qué les cortaba los genitales? Contestó que tal vez era una forma de manifestar su venganza contra la vida que le había tocado vivir. Era frecuente que masticara los testículos removidos a los desafortunados chicos que caían en sus manos. Básicamente buscaba la satisfacción de ver la sangre, el llanto y la agonía de las víctimas. Poder probar la sangre, mordisquear o tragar pezones y demás le daban relajación y la sensación de poseer y ejercer un "poder animal..."

Los dos primeros asesinatos de Chikatilo tuvieron cierto carácter fortuito. Es posible que, en ambos casos, sus intenciones fueran solamente de índole sexual. Los gritos de terror le excitaban, pero era el asesinato en sí lo que representaba para él un acto sexual supremo. Su tercera víctima fue Lyuba Biryuk, raptada de una villa, llevada al bosque y acuchillada cuarenta veces.

Chikatilo asesinó a otras tres personas ese año; entre ellas se encontraba su primera víctima masculina, Oleg Podzhivaev de nueve años de edad. El cuerpo no se encontró, pero Chikatilo afirmó ser el responsable y declaró que le había arrancado los genitales. En 1984 asesinó a quince personas. Mientras el tiempo entre sus asesinatos iba disminuyendo, el número de víctimas iba en ascenso.

Durante doce años, Chikatilo asesinaría a 53 personas. Tenía un aspecto de lo más inofensivo, y los niños veían en él un hombre amable e indefenso. Sus víctimas eran niños, niñas y chicas muy jóvenes. Entre ellos había muchos que se habían escapado de casa y victimó también a retrasados mentales, pues se dejaban convencer más fácilmente y agradecían su ayuda en el laberinto del sistema de transportes local, con el que no estaban familiarizados. Chikatilo los elegía entre la multitud en estaciones ferroviarias y en paradas de autobús y con algún pretexto, los convencía para que lo siguieran a alguna zona boscosa. Una vez allí les infligía entre treinta y cincuenta puñaladas.

Todas sus víctimas sufrían la mutilación de los ojos. A las adolescentes o chicas jóvenes les seccionaba los pechos o los pezones, ya fuera con sus afilados cuchillos o con los dientes. El útero era extirpado con tal precisión que todos los cirujanos de la provincia de Rostov pasaron a ser sospechosos en potencia.

Pero su alegría sexual duró poco: pronto se descubrió eyaculando precozmente. Mientras violaba a sus víctimas por ano o vagina, se enfurecía por llegar rápidamente al orgasmo y les machacaba la cara a golpes. Muchas veces, su problema de impotencia se manifestó también al cometer los ataques. En esas ocasiones, para demostrar que sí había podido violarlos, colocaba el semen en la vagina o el ano de la víctima con la ayuda de una ramita.



En el caso de los niños, los atacaba nada más hallarse a solas con ellos en el bosque: un golpe para aturdirlos con las manos atadas y unos golpes de cuchillo, poco profundos, para establecer su dominio sobre ellos. Posteriormente los mutilaba a mordiscos, les cortaba los genitales o solamente extirpaba los testículos, que guardaba a modo de trofeo. También arrancaba los ojos de todas sus víctimas, para evitar encontrarse con sus miradas. En ninguno de los casos se encontraron las partes del cuerpo seccionadas en las cercanías de la escena del crimen. Todos estos actos los realizaba mientras aún estaban vivos: disfrutaba con el control y la dominación ejercida por medio de la tortura. Chikatilo practicaba además el canibalismo; en sus declaraciones confesó que le gustaba tragarse las partes del cuerpo más blandas.

Cuando los restos eran hallados los huesos mostraban tantas laceraciones en costillas, pelvis y hasta en las cuencas de los ojos que la contabilidad podía subir a los 40 o mas navajazos. Los oficiales rusos no estaban acostumbrados a observar tanta saña en un crimen. Se referían al sospechoso como una bestia salvaje, como si fuera un monstruo sediento de sangre.

En esa época en que el estado controlaba los medios de producción y los de comunicación, los reportes acerca de violaciones a menores de edad o asesinatos en serie eran temas prohibidos. Se consideraba que tales muestras de descomposición social existían únicamente en los países capitalistas de occidente. Los reportes de estos acontecimientos eran de conocimiento exclusivo de altos oficiales del partido y la burocracia soviética.

Informar al público de la serie de crímenes que se experimentaban hubiera constituido una propaganda muy negativa contra el régimen social bajo el que se regían las repúblicas socialistas. Pero no hacerlo resultó contraproducente. Pocos padres pudieron advertir a sus hijos e hijas del gran peligro que acechaba en los caminos. Nadie fue advertido para cuidarse de los extraños. Es mas, nunca fue debidamente difundida la descripción del sospechoso en los periódicos. Si ocurrieron filtraciones a la prensa, pero a falta de una postura oficial del gobierno, todo quedo en rumores inclusive fantasiosos, como la existencia de un hombre lobo o la pretensión de una invasión por parte de occidente, que a modo de avanzada asesinaba niños, etc.

Cuando apareció el cadáver número treinta, los periódicos empezaron a dar noticias del posible asesino en serie. Todos creían que se trataba de un retrasado mental, a pesar que la policía no estaba de acuerdo, pues la amplia dispersión del asesino indicaba que éste disponía de un vehículo, factor que en la URSS era eliminativo. Era obvio que los crímenes eran obra de un asesino serial, pero el gobierno se negaba a reconocerlo: afirmaban que los asesinos seriales eran un producto del capitalismo estadounidense y en la URSS no podían surgir.

Pese a ello, el Instituto Serbsky de Moscú diseñó el perfil de un hombre ostensiblemente normal, probablemente casado, con un trabajo regular. Por el semen hallado en los cuerpos de sus víctimas, se supuso que su tipo de sangre era del grupo AB.


El 14 de septiembre de 1984 detuvieron a Chikatilo en el mercado de Rostov, pues en líneas generales encajaba con la descripción del asesino, pero no pudieron demostrar nada más. Chikatilo parecía un hombre respetable y tras hacerle un análisis de sangre, ésta resultó ser de grupo A. Enseguida fue puesto en libertad sin cargos.

Para esas alturas, los archivos de la policía contenían datos de unos 26,500 sospechosos. Posteriormente Chikatilo fue acusado de haber robado un rollo de linóleo de su oficina. Siete meses después, con ese caso aún pendiente, fue arrestado por comportamiento impropio en la estación de autobuses de Rostov y sentenciado a quince días en prisión. Sentenciado a un año de cárcel por el robo del linóleo, el juez simpatizó con él y lo liberó antes.

Luego de que el número de niños varones asesinados comenzó a crecer, se comenzó a investigar a la comunidad gay de la región. Esta estrategia únicamente abrió los ojos de los oficiales encargados acerca del mundo oculto de violencia y sexo de los rusos. Hay que recordar que en aquel tiempo la homosexualidad estaba completamente prohibida. Sin embargo, ellos no tenían nada que ver con los crímenes, ni Andrei Chikatilo tenía algo que ver con ellos por lo que a final de cuentas solo fue una pérdida de tiempo. Cuando se abandonó esta línea de investigación se habían interrogado alrededor de 150,000 personas.

Apartándose de la rigidez de los protocolos oficiales, el forense Burakov decidió compartir parte de la información del caso con algunos especialistas de Moscú. Los primeros en ser consultados no se interesaron por el caso por la escasez de detalles, sin embargo hubo un especialista que creyó importante echar un vistazo al asunto. Alexander Bukhanovsky aceptó discutir sus reflexiones acerca del desconocido asesino que lo mismo tomaba víctimas hombres que mujeres.

A los pocos días, le entregó un informe de 7 cuartillas a Burakov que informaba mas o menos lo siguiente: El asesino era un sujeto de entre 25 y 50 años, con una estatura alrededor del 1.75 metros, padecía de alguna disfunción sexual. Mutilaba a sus víctimas en parte por frustración y también como excitación erótica. Se dejaba llevar por la compulsión de asesinar, sin embargo no era ni retrasado mental o esquizofrénico puesto que tenía la capacidad de planear y efectuar sus ataques. Era un hombre solitario y el único involucrado en los crímenes. Esos datos no le ayudaban en nada al oficial ruso, el hubiera querido algo diferente, pero sin la participación de los medios de comunicación era imposible aplicar las técnicas "proactivas" que se practicaban en occidente para cercar asesinos peligrosos.


La captura

El 17 de octubre de 1990, Chikatilo volvió a matar en un bosque cercano a la estación de Donlesjoz. Este crimen absorbió a toda la policía local y a una fuerza antidisturbios de cien hombres. Pero dos semanas después, el criminal volvió a actuar, y ésta vez fueron seiscientos detectives los encargados de investigar a lo largo de la línea de los bosques, en dónde montaban guardia tres o cuatro oficiales en las terminales más aisladas.


El 6 de noviembre de 1990, uno de estos detectives, el sargento Igor Rybakov, vio surgir del bosque a un hombre con traje y corbata. Mientras observaba cómo éste se lavaba las manos en la fuente, advirtió que tenía un dedo vendado y una mejilla manchada de sangre. Le pidió sus documentos y levantó un informe de rutina. Cinco días después encontraban un nuevo cadáver en ese mismo lugar, el cual estimaron que llevaba muerto más o menos una semana. El homicida tenía que haber pasado por la estación, y el culpable no podía ser otro que el sospechoso del informe de Rybakov. El fiscal general de la provincia de Rostov emitió una orden de detención contra Chikatilo, efectiva a partir del 20 de noviembre de 1990. Y ese mismo día, en efecto, fue retenido por la KGB, sospechoso de haber asesinado a treinta y seis víctimas, todas ellas mujeres y niños.

Por alguna extraña razón, su esperma, aunque no su sangre, sí daba el tipo AB. Chikatilo, con paso lento, se quejaba: "¿Cómo pueden hacerle esto a una persona de mi edad?". En los interrogatorios afirmó que simplemente era un ciudadano normal, que no había cometido ningún tipo de delito, y que era objeto de una persecución absurda por parte de la policía.

El 27 de noviembre prometió que estaba dispuesto a aportar pruebas de sus crímenes, si no continuaban atosigándole con los interrogatorios que le recordaban los detalles, y dos días después se derrumbó ante un psicólogo a quién acabó confesando 53 asesinatos.
Posteriormente guió a los investigadores a los distintos lugares con la esperanza de que el número de muertes lo convirtiera en un "espécimen de estudio científico".

Escribió una declaración firmada para el Fiscal General, que decía:



"Me detuvieron el 20 de noviembre de 1990 y ha permanecido bajo custodia desde entonces. Quiero exponer mis sentimientos con sinceridad. Me hallo en un estado de profunda depresión y reconozco que tengo impulsos sexuales perturbados, por eso he cometido ciertos actos. Anteriormente busqué ayuda psiquiátrica por mis dolores de cabeza, por la pérdida de memoria, el insomnio y los trastornos sexuales. Pero los tratamientos que me aplicaron o que yo puse en práctica no dieron resultado.

“Tengo esposa y dos hijos y sufro una debilidad sexual: impotencia. La gente se reía de mí porque no podía recordar nada. No me daba cuenta de que me tocaba los genitales a menudo y sólo me lo dijeron más tarde. Me siento humillado. La gente se burla de mí en el trabajo y en otras situaciones. Me he sentido degradado desde la infancia y siempre he sufrido. En mi época escolar estaba hinchado a causa del hambre e iba vestido con harapos. Todo el mundo se metía conmigo.

“En la escuela estudiaba con tanta intensidad que a veces perdía la consciencia y me desmayaba. Soy un graduado universitario. Quería demostrar mi valía en el trabajo y me entregué a él por completo. La gente me valoraba, pero se aprovechaba de mi carácter débil. Ahora que soy mayor, el aspecto sexual no tiene tanta importancia para mí, mis problemas son todos mentales.

“En los actos sexuales perversos experimentaba siempre una especie de furor, una sensación de no tener freno. No podía controlar mis actos. Desde la niñez me he sentido insuficiente como hombre y como persona. Lo que hice no fue por el placer sexual, sino porque me proporcionaba cierta paz mental y espiritual durante largos periodos. Sobre todo después de contemplar todo tipo de películas sexuales. Lo que hice, lo hice después de mirar los vídeos de actos sexuales perversos, crueldades y horrores”.

Lo que la policía dedujo de esta declaración, es que el asesino trataba de buscarse una posible salida alegando enfermedad mental. Chikatilo mostraba una obsesión por recibir tratamiento psiquiátrico.

Los psiquiatras del Instituto Serbsky, no obstante, lo veían como un sádico que no sufría ningún trastorno que pudiera impedirle saber que sus actos estaban mal; sus acciones eran premeditadas. Por esa razón, en octubre de 1991, dieron a conocer sus conclusiones, diagnosticando que el asesino estaba "legalmente cuerdo".


El mediático juicio


El juicio se inició en abril de 1992 y duró hasta octubre de ese mismo año. Chikatilo, afeitado y con la cabeza completamente rasurada, presenció su juicio desde una jaula de metal. Siempre vistió su camisa favorita: blanca, roja y negra, estampada con los cinco aros olímpicos.

El primer día deleitó a los fotógrafos esgrimiendo una revista porno, pero más tarde, abatido, se quitó la ropa y meneó su pene fláccido gritando: "Fíjense qué inutilidad. ¿Qué pensaban que podía hacer con esto?"

El juicio fue un circo mediático. Los familiares de las víctimas gritaban y lloraban en el tribunal.

Los jueces no dudaron en anunciar el veredicto que habían nominado: el 15 de octubre de 1992 fue sentenciado a la pena capital. Chikatilo fue ejecutado en la prisión de Moscú entre el 14 y el 16 de febrero de 1994, con un disparo en la nuca.

Se rodaron dos cintas basadas en su vida y en sus crímenes. La primera fue filmada para la televisión y se tituló Ciudadano X; la segunda se llamó Evilenko. Pero, más que su aportación cinematográfica, Chikatilo se convirtió en el ejemplo más notorio de que el fenómeno de los asesinos seriales no era privativo de los Estados Unidos.
Aquí dejo un enlace a una canción  sobre sus crímenes.



21 febrero 2015

La Niña del Ascensor



Es muy común que en una reunión de amigos surja espontáneamente la idea de jugar al juego de la copa. Es un juego que intriga, que atrapa, y es por ello muy probable que cualquier persona haya querido practicarlo al menos una vez en su vida. Por esta razón, parece importante advertir que a raíz de esas experiencias, en apariencia inocentes, han surgido una gran cantidad de situaciones espeluznantes. Como ejemplo, nada mejor que presentar un caso ocurrido a un joven montevideano llamado José María Estévez un sábado a la noche del mes de agosto de 1997.

En aquella ocasión, José María se hallaba reunido con tres de sus mejores amigos, Natalia, Leticia y Rafael, estudiando para un examen de matemática que tenían en el liceo. Afuera llovía a cantaros y como el clima se iba poniendo cada vez mas propicio, pronto decidieron dejar los libros a un lado y ponerse a mirar televisión. Destaparon unas cervezas y se pusieron a hablar de lo que suelen hablar los amigos cuando se juntan: del amor, del trabajo, de las relaciones... en fin, de la vida.

También hablaron de la muerte. El tema fue introducido por el propio Jose, desde siempre interesado en todo lo que tiene que ver con los espíritus, los aparecidos y el mundo del mas alla. Como no podía ser de otra manera, no paso mucho tiempo antes de que les propusiera a los demás jugar al juego de la copa, aprovechando el momento de sugestión que se había creado. Las dos chicas se mostraron un poco indecisas, pero como Rafael también parecía entusiasmado, enseguida todos estuvieron de acuerdo.

Tomaron entonces una cartulina blanca y prepararon todo el ritual. Luego los amigos se tomaron de las manos entre si e invitaron a cualquier espíritu que pudiera andar por ahí. Por ultimo, extendieron sus manos derechas hacia la copa y la tocaron con la punta del dedo indice, dando inicio así a la sesión.


Al principio no obtuvieron respuesta, pero para sorpresa de todos, apenas unos cinco minutos después la copa empezó a desplazarse. Lo hacia con violencia alrededor de la mesa, describiendo amplios círculos. Los cuatro muchachos se miraron a los ojos preguntándose en silencio si alguno la estaba moviendo por propia voluntad, pero todos juraban que no. Leticia, creyendo que alguien estaba haciendo una broma, retiro su mano de la copa y dijo en voz alta que si iban a seguir con aquello tenían que hacerlo en serio, porque de lo contrario no tenia sentido. Pero aun así sus tres amigos seguían afirmando que no estaban moviendo la copa.

Fue entonces que José, tratando de despejar las dudas, le sugirió a Leticia que le realizara al espíritu que supuestamente los acompañaba una pregunta cuya respuesta solamente ella pudiera conocer. La joven estuvo de acuerdo, así que cerro sus ojos y, sin decir palabra, realizo mentalmente una pregunta al espíritu. De inmediato, la copa se movió con lentitud hacia las letras. Al ver la joven la respuesta quedo pálida. Ella no quiso decirle a nadie de que se trataba el mensaje, pero desde entonces ya no dudó de la presencia del espíritu. Estaba muy asustada, pero como todos también sentían curiosidad y ganas de seguir jugando, sabiendo que aquella experiencia tan extraordinaria era real.

Desde entonces, con intervalos irregulares, los jóvenes mantuvieron un diálogo fluido con aquella misteriosa presencia. Los movimientos de la copa no eran del todo precisos, por esta razón Rafael tuvo la idea de ir anotando lo que marcaba la copa, para poder interpretar así mas detenidamente aquellos enigmáticos mensajes del mas allá.

En determinado momento, Natalia quiso saber la identidad del espíritu que habían contactado. Directamente, entonces, le pregunto en voz alta cual era su nombre. El espíritu se negó a responder. Pero de todos modos realizó instantes después una revelación interesante:

-Vivo aquí- dijo.

El silencio se apodero de la habitación. Los amigos se miraban entre si con una mezcla de asombro y curiosidad, preguntándose para sus adentros si, en definitiva, seria una buena idea seguir adelante con todo aquello. De todos modos, Natalia volvió a preguntar:

- ¿Cuantos años tienes?

- Trece- señalo la copa.

- ¿Como eres?- dijo entonces la joven.

- Rubia- respondió el espíritu, y por un buen rato ya no dijo nada mas.

Los muchachos estaban impactados. Rápidamente, preguntaron al espíritu si conocía a alguno de los que estaban allí. Pero la copa permaneció estática por unos largos segundos, sin ningún tipo de señal. Sin embargo, cuando ya comenzaban a creer que la comunicación se había interrumpido, vieron que la copa empezó a moverse lentamente sobre la mesa de mármol, ante la atónita mirada de lo jóvenes, para, al final, dirigirse a la palabra SI.

- ¿A quien?- volvieron a preguntar, con un nudo en la garganta.

-José- fue la respuesta de la copa, cosa que señaló con un movimiento tembloroso sobre las letras.

José quedó como muerto. Se puso blanco como un papel, con los ojos alucinados. Los amigos trataron de tranquilizarlo explicándole que solo se trataba de un juego, que no había nada que temer, pero el joven ya no quería jugar mas.

Hasta ese momento, Rafael se había mostrado muy inquieto, ya que la experiencia estaba siendo en su casa, pero a partir de entonces José lo estuvo todavía mas. Tanto es así que en determinado momento dijo que se tenia que ir porque se había olvidado de una cita, que ya se estaba haciendo tarde o cualquier excusa absurda por el estilo, se levantó, se despidió de sus amigos y salió del apartamento rápidamente.

Apenas estuvo en el pasillo, José se dirigió hacia el ascensor y lo llamó varias veces pulsando el botón. Lo vio entonces subir con total normalidad desde el subsuelo hasta el piso 12, donde se encontraba el apartamento de Rafael.

Pero cuando el ascensor finalmente llegó, y el trato de abrir la puerta, advirtió que estaba trabada. Por mas que forcejeó, no hubo caso, la puerta no se abrió. Sin saber muy bien por que, se asomó a la pequeña ventana de la puerta del ascensor y miró hacia adentro, pero no vio nada.

Hecho esto, se decidió a descender por la escalera, pero cual no sería su sorpresa al comprobar que el acceso a la misma estaba impedido por una reja de esas que suelen ponerse en los edificios para mantener la seguridad nocturna y que solo los inquilinos que poseen la llave pueden abrir. Jose no tuvo entonces mas remedio que regresar al apartamento de Rafael a pedirle la llave.

Al llegar, pudo ver que sus amigos habían seguido jugando a la copa en su ausencia. Incluso lo alentaron a que no se fuera, rogándole que permaneciera con ellos mientras hacía tiempo para que alguien destrabara la puerta del ascensor. Como no le dejaron otra alternativa, José terminó aceptando el ofrecimiento, pero aclaró que él ya no iba a jugar, sino que solamente iba a anotar en el papel las respuestas.

Natalia consultó a la presencia si seguía allí con ellos. El espíritu enseguida respondió que si. Rafael, por decir algo, le preguntó también si había algo que quisiera contar espontáneamente, sin que ellos se lo exigieran. El espíritu dijo entonces:

-Si- y luego de unos instantes terminó la frase: yo lo hice.

Rafael, Natalia y Leticia no entendieron de que se trataba, pero si se dieron cuenta de que José en ese momento quedó como paralizado. Natalia pregunto:

-¿Que hiciste que cosa?

-La puerta- fue la respuesta.

José comprendió enseguida que la presencia se estaba refiriendo a la puerta del ascensor. Estaba mas que seguro de que aquello no era un simple juego, sino algo mucho mas serio, y que en aquel apartamento, junto a sus tres amigos, se encontraba en verdad una niña de ultratumba que no se quería ir. Y lo que es peor, que tampoco quería dejar que el se fuera.

Leticia, intrigada por lo que estaba sucediendo, le dijo entonces al espíritu de la niña:

- ¿Por que hiciste eso?

Y la niña respondió:

- Me gusta José.

Todos se miraron a los ojos, aturdidos por el miedo y la sorpresa, y decidieron que lo mejor sería no continuar con la conversación. Natalia se despidió entonces del espíritu, le agradeció su presencia y, para mostrarse respetuosa, le preguntó si había algo mas que quisiera agregar. El espíritu dijo que si, y acto seguido la copa empezó a moverse otra vez sobre la mesa, indicando un mensaje que les puso los pelos de punta a todos del terror.

- Jose no se va.

A esa altura los cuatro jóvenes estaban desesperados. Súbitamente se levantaron, encendieron las luces y, luego de dar vuelta la copa, la soplaron ya que es la manera correcta en que se debe cerrar una sesión espiritista. Sin esperar un solo segundo, José, que estaba literalmente aterrorizado, pues el espíritu parecía tener algo personal con él, abrió la puerta y salió corriendo del apartamento y sin despedirse de sus amigos se dirigió de nuevo al ascensor.

El ascensor no se encontraba en el piso 12. Evidentemente, alguien lo había destrabado. José como la vez anterior, apretó el botón, espero unos segundos mientras lo veía subir y también, igual que antes, lo vió llegar hasta él. La única diferencia fue que esa vez, cuando el joven miró a través de la ventanilla- una de esas pequeñas y rectangulares que hay en los ascensores con puertas de hierro- vio que el ascensor no estaba vacío, sino que adentro se hallaba una figura que lo observaba directamente a los ojos.

Se trataba de una niña, de doce o trece años aproximadamente, de cabello rubio y que llevaba puesto un vestido de color violeta. Tenía la piel pálida y unas ojeras muy pronunciadas. No decía nada, pero sonreía entre dientes. Y toda ella era circundada por un halo sobrenatural, como si en verdad se tratara de un habitante del reino de las sombras.

José, al verla, sintió que se desmayaba del susto, pero aun así logro regresar al apartamento de Rafael y contarles a sus amigos lo que le había sucedido. Casi lloraba mientras lo hacía, de tan angustiado que estaba. Por supuesto que sus amigos, después de todo lo que habían vivido aquella noche, no tuvieron mas remedio que creerle.

Y aunque Leticia intentó buscar algunas explicaciones lógicas preguntando a Rafael si en el edificio no había alguna vecina de esa edad, a la larga tuvo también que admitir, como los demás, que se trataba de un hecho extraordinario, porque ademas sería muy raro que una niña estuviera jugando a las dos o tres de la mañana en el ascensor y en los pasillos.

Todos estaban muy arrepentidos por haberse atrevido a jugar con las cosas del mas allá. Sobre todo José, con quien el espíritu de aquella niña que habían convocado parecía querer entablar algún tipo de comunicación especial. Para darle ánimos, sus amigos decidieron acompañarlo entre todos hasta la calle. Y para mayor tranquilidad aun, bajaron con el por el ascensor, que todavía estaba allí, aunque entonces completamente vacío.

Sin embargo, todos se mostraban muy incómodos, porque mas allá de creer o no en lo que José decía, el solo hecho de imaginar la posibilidad de que esa niña espectral apareciera, era suficiente para aterrar a cualquiera. Pero afortunadamente no paso nada malo.

Dicen que tiempo mas tarde, realizando investigaciones por su cuenta en los archivos de la Jefatura de Policía, los amigos llegaron a descubrir ciertas informaciones a propósito de la muerte de una niña, ocurrida en aquel edificio.

Nunca quedaron muy claras las causas de su fallecimiento, pero si se supo que había muerto justo en el piso 12, donde estaba el apartamento de Rafael.



Sea como sea, lo cierto es que a partir de entonces todos estuvieron convencidos de que, al atreverse a bromear con lo desconocido, permitieron que se presentara ante ellos una niña del mas allá, habitante de ese paisaje tenebroso, enigmático y que no se puede controlar. Las imágenes de esa noche y de esa niña marcaron para siempre sus vidas y ya nunca mas las pudieron olvidar.